Dedicatoria
A mi amada esposa Blanca, compañera fiel en la fe y en el propósito. A mi madre Mercedes Alicia Madariaga Díaz, quien forjó mi fe, a mis hermanos y a todos los pastores, líderes y comunicadores del Reino que han entendido que las redes no son un fin, sino un puente hacia las almas. Este libro es para ustedes, que siguen creyendo que la tecnología puede ser una extensión del altar y que el Espíritu Santo puede moverse en cada pantalla, en cada corazón y en cada nación.